domingo, 14 de noviembre de 2010

Mala no -obejtó Fermín-. Imbécil, que no es lo mismo. El mal presupone una determinación moral, intención y cierto pensamiento. El imbécil o cafre no se para a pensar ni a razonar. Actúa por instinto, como bestia de establo, convencido de que hace el bien, de que siempre tiene la razón y orgulloso de ir jodiendo, con perdón, a todo aquel que se le antoja diferente a él mismo, bien sea por color, por creenci, por idioma, por nacionalidad o, como en el caso de don Federico, por sus hábitos de ocio. Lo que le hace falta al mundo es más gente mala de verdad y menos cazurros limítrofes.

La Sombra del Viento.

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