martes, 2 de noviembre de 2010

Somos inconscientes al mundo.

No veo el principio ni el final de la vía, no, no lo veo. Ya ni si quiera veo el punto en el cual yo me he montado al tren. Tampoco me interesa verlos, pero es interesante de todas formas pensar que ni fin ni principio, ni aquí ni allá, simplemente va, para en cada parada y nuevas caras se sientan a tu lado, pero esa no es la cuestión. La cuestión no es donde termina la vía si no el punto en el que tú la terminas y te bajas del tren, a veces, sabiendo, y otras, sin saber qué haces allí, a dónde vas o por qué te has bajado en esa parada o, a lo mejor, no sabes ni el por qué de que hayas quedado con esa persona al bajar del tren. Por un momento te paras, sin dar ni un paso adelante ni otro hacia atrás y piensas qué hago aquí. Pero qué más dará esos dos segundos de chock si todos sabemos que volveremos a andar inconscientemente y emprenderemos el camino de nuevo hacia allí donde fuéramos.
Esto mismo se aplica a la vida. Aplícalo.
Somos inconscientes al mundo.


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